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Fuentes: EFE y France 24.
El hallazgo en el Pacífico permite a Tokio avanzar hacia la autonomía estratégica y reducir su dependencia de las exportaciones chinas en un clima de alta tensión geopolítica.
Una misión científica japonesa ha marcado un precedente global al recuperar sedimentos con tierras raras a una profundidad récord de 6.000 metros bajo el nivel del mar.
La operación, realizada por el buque de perforación Chikyu en las cercanías de la remota isla de Minami Torishima, busca confirmar el potencial de una reserva que podría superar los 16 millones de toneladas. De validarse estas cifras, el archipiélago albergaría la tercera reserva más grande del mundo, un activo vital para la fabricación de vehículos eléctricos, aerogeneradores y armamento de alta precisión.
Este avance se produce en un contexto de creciente fricción diplomática con China, principal proveedor mundial de estos minerales, tras las recientes declaraciones del gobierno japonés sobre la seguridad en Taiwán. Para Tokio, el éxito de esta exploración no es solo una proeza tecnológica, sino un pilar de su “seguridad económica”, permitiéndole blindar su cadena de suministros ante posibles represalias comerciales de Pekín y las presiones internacionales por el control de los recursos submarinos.
A pesar del optimismo gubernamental, el proyecto enfrenta desafíos regulatorios y ambientales significativos. Organizaciones ecologistas han advertido sobre el daño irreversible que la minería de succión podría causar a los ecosistemas del lecho marino. Mientras la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos intenta establecer un código normativo global, Japón acelera sus esfuerzos en aguas propias, situándose en el centro de una disputa geopolítica donde la tecnología verde y la defensa dependen directamente del control de las profundidades oceánicas.








